07 9 / 2012
09 7 / 2012
A apagar los sueños y a prender el clima
Las cabañas cual cuadrito de feria, con su caminito y el bosque de fondo. Ahí nos recibe Javier, quien vive con su señora y su hijo. No hay internet, no hay señal, no hay apuro. ¿Para qué quieres ver las barritas apiladas de tu celular teniendo un bosque lleno de pinos? Jorge nos vendió un tercio de leña por $50 pesos (¿un tercio de qué? nunca lo supimos). Tratamos de prenderla pero como buenos citadinos no supimos ni para qué, mucho menos cómo.
Se llama Mesa de las Tablas, un coqueto poblado de Arteaga, Coahuila. Ahí conocimos al frijol, al regalo, al cenizo. Uno niño y los otros perros. Comimos dentro de una casa viendo un capítulo de la rosa de Guadalupe. No hay internet, pero sí hay SKY. La doña de la casa tiene una tiendita: Abarrotes Gaona, y aprovechando la ocasión vende (como casi todos en el pueblo) gorditas de guiso variado: nopalitos, frijoles con queso, picadillo, asado, huevito, huevito con papa, papa con chorizo, de todo, dice ella.
Ahí en la esquina de los Gaona, se mueve mucho la caguama. Hay “de las del refri” y “de las que están frías”.
La onda era el Monterreal Longboard Fest 2012, una carrera de longboard al estilo down hill que combinaba una serie de actividades “hip”.
La clasificación otorgaba los lugares para la competencia mientras las niñas del pueblo juraban estar en presencia del mismísimo Justin Beiber, aunque en realidad, nada opacaba al Uriel y al Chikis, dos riders del pueblo que habían aprendido y adoptado el movimiento longboard desde hace un año y que ahora hasta la gorra de lado usan.
El método era caminar (¡por el acotamiento! gritaban los histéricos organizadores) y esperar a que alguien pasara y te diera el ya casi olvidado “ride” o “rai” como se dice por mi cuadra.
El sol, los amigos, la espera, la platica, la semifinal, el que se llevó la ambulancia porque se cayó y perdió el conocimiento, la cerveza, los chiquishores, la final, el elote, los bollos, los clamatos, las gorditas (otra vez), el escenario, los grupos que aburrieron, los djs en estado inconveniente, los tan peligrosos cuetes que tan bonito se veían, la premiación, el papá del Uriel llorando al ver a su hijo ovacionado, Ivana, el slam, la mota, las pastillas, la cerveza, las gorditas (sí, más gorditas), la cabaña como para 16 donde terminamos como 20.
Despertarse el domingo por la mañana con un clima fresco y un cielo irreal ha pagado las caminatas, la cruda (moral o física) y el poco o mucho dinero que gastamos para estar presentes.
En fin, el fin llegaría a su fin y con él, el ¿gusto? por regresar a casa, a cambiar los pinos por las barritas del celular, las montañas por edificios, las caminatas por semáforos y la pinche hermosa despreocupación del frijol, el regalo y el cenizo, por las historias de los narcos, de los secuestros, de los pagos de piso, del pendejo de Peña Nieto, de las posturas políticas que defendemos en el facebook y del like en el instagram.
A apagar los sueños y a prender el clima, Monterrey.
Gracias por las gorditas, Mesa de las Tablas.
Gracias por los recuerdos, Monterreal Longboard Fest 2012.
23 4 / 2012
Antojo
De un encuentro traigo antojo.
Un encuentro del que te arrepientas,
del que me pidas no contar.
Robarle tus labios con descaro,
tocarte porque eres mía.
Vengar mi suerte de arrebato con un beso impertinente.
Acariciar tus piernas hasta el piso haciéndote temblar.
Tenerte porque quiero;
porque tu promesa no vale nada cuando te escucho respirar.
Quiero que te vayas con un sueño para cada noche.
Que te lleves un antojo de volvernos a encontrar.
11 1 / 2012
Era la noche del 9 de octubre del 2008 en el ya extinto Café Iguana. Mis nuevos amigos y yo veíamos el reloj para ver cual de ellos marcaba primero las cero horas del día 10 de octubre y celebrar así mi cumpleaños número 27. Recuerdo clarísimo que sonaba esta canción. Hoy me acordé. Y ya.

